Cuenta una antigua leyenda de la vieja Rusia, donde mis ancestros vivian, que durante todo el año, existian siempre siete sabados donde no se asomaba el sol. Mi abuela Sofia, de 91 años, todavia la sigue recordando y, hoy, 4 de agosto de 2007, aparenta ser "uno de esos sabados".
Los sábados eran antiguamente el día de la colada, cuando se lavaban y tendían los cuellos, las tocas, las gorgueras, las sábanas y, en general, lo que llaman “la ropa blanca”. Era, pues, necesario que los sábados hiciera buen tiempo, para que los lienzos se secaran al aire. Estas labores las realizaban las mozas y las mujeres de la casa, en los lavaderos públicos o en las riberas. Era el espacio reservado a las conversaciones femeninas y estaba convenido socialmente que los hombres no fueran a los lavaderos. Cuando una moza no quería ver a un pretendiente, su madre le decía al joven que la niña “estaba de sábado”, es decir, que estaba lavando y tendiendo. Y así como todos los sábados ( o miércoles en algunas zonas) se hacía la colada, así como las ancianas sufren los dolores propios de su edad, así las mozas tienen sus amores y sus devaneos.
sábado, 4 de agosto de 2007
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